El teléfono

¿Cómo puedo besar la voz que a mi me besa,
tan erótica, susurrante, atractiva y deliciosa,
que de sutiles aromas transpira el olor a rosa
y de placer a mi me embriaga y me embelesa?

Corriente alterna, tu vas y vienes con destreza
desde unos labios rojos delirantes, deliciosos,
de miel plagados y ósculos suaves, amorosos
a los temblorosos oidos expectantes de mi oreja.

Ondas herzianas que a mi corazón le desenfrena,
aurigas de sensaciones que provocan mi delirio,
a veces cruel trasmisor de noticias que el martirio
en condena conviertes para yo morir de pena.

Aunque no seas nada más que un sencillo aparato
rodeando el misterio a tu alma etérea acompañas,
capaz eres de emocionar o con tan fiera saña
suplicarle a tu odioso interlocutor un mejor trato.

Cuando contigo estoy y el tiempo muerto pasa
raudo y ufano -risas o llantos- mi espíritu aprendiz
tan absorto está momentos tantos que en esa liz
vivo feliz como un torero vitoreado en una plaza.

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