Ensueños.

Dulces sueños que dominan tus encantos,
cual madrina de historietas y de cuentos,
con sus pócimas y varitas encantadas
rompiendo la voluntad
de un ser deseado, al que  hechizan,
y lo duermen con ensueños,
que lo apartan de vivientes realidades,
situándolo de infrecuentes escenarios
con la pluma y el incontrolable deseo,
con el pensamiento voraz envuelto en el morbo,
matizado de urgentes y volubles apetencias,
con un tono ligero de desesperación y prisa.

Personajes bien dotados,
de mágicas expresiones,  de miradas ajenas,
de besos de pestañas puntiagudas,
de silencios callados que rompen los cristales tallados de las copas muertas de miedo
por la temperatura del licor,
copas temblorosas, asustadas
empañadas y borrachas,
sí, copas borrachas de amor,
como duendes imprecisos
sin sombreros de puntas dobladas,
sin zapatos verdes suecos, ni suizos
sin bolsillos atiborrados de juguetes
sin amor, solo con un deseo fugaz.

Ramón Oviedo.

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