Me fallaste

Y cuando sonó la palabra en los primeros días,

feliz asentó al compás de un “te lo juro”,

como jura un niño a cambio de su juguete,

como jura un pecador antes de entrar a los muros.

 

Vuelta la mirada entre los barrotes, clamaba perdón,

como el Barrabás que junto a la cruz abogaba

por el que todos creían peor que el.

Así fue corriendo la sangre del ti…

empo en donde la promesa

y el amor se unirían para abonar el sagrado recinto de lo que se prometió jamás sucedería.

Rosas de frondosos pétalos murieron repentinamente

sin siquiera llegar a marchitarse primero.

Cruel el ocaso, llegar así antes que la colorida menguada,

aplastando el esplendor de lo que siempre debió ser un hermoso mediodía.

La esperanza y la juventud de aquel momento y de aquel pacto,

se desgarró al nacer, pues desde ese instante fue blasfemia.

Quien juró, siempre supo que no cumpliría.

Y ahora, culpa tiene quien sonó la palabra por decirla

y hasta la palabra misma por ser palabra, pero no quien incumplió su juramento.

Colaborador: Jorge Carles Acosta

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